July 2, 2007

DAMARIS

Esta es la historia de mi amiga Damaris. La cuento aquí porque siento que es otra de esas personas que vale la pena conocer un poquito más. Reporteando el 2003, me tocó conocer la historia e Damaris y Adrián y contarla dentro del contexto de la adopción en Chile. Ellos eran la pareja que no merecía ser papás.


Damaris y Adrián se casaron en una pequeña iglesia evangélica, en medio de la población el perejil, en el corazón de Renca. Entre jarras de jugo (los evangélicos no deben tomar alcohol) y una torta hecha por una vecina, la familia de Damaris, de once hermanos y la pequeña familia de Adrián celebró a la nueva pareja con los mejores deseos. Eso fue el 99, el mismo año en que ambos encontraron trabajo y pudieron ahorrar para cambiarse a su mediagua en El Perejil, la misma población de la familia de la flamante novia. Con pocas monedas, mucho esfuerzo y una gran cuota de fe, Adrián y Damaris construyeron poco a poco el hogar.
Damaris fue la última hija después de diez en una familia de ladrilleros que se vino del sur aunque nuncanosfaltónada. El frío pasaba aunque acurrucados estuvieran todos los inviernos. El calor, por las rendijas de las tablas de la casa. Santiago y las oportunidades. Así se vivieron años, trabajaron años, se quisieron años. Así algunos estudiaron más que los otros. Y así creció Damaris, acompañando los partos de sus hermanas mayores, empeñándose en el suyo… el que no llegó. Adrián es hijo único, de familia muy sencilla, de la capital. Estudió hasta cuarto básico. Trabajador, alegre. Lleno de amigos. bajito –a Damaris le llega al hombro- sonriente, simpático de ojos negros y brillantes. Habla tan rápido que a veces no le entiendo.

Pasó el tiempo y los hijos de Adrián y Damaris no llegaron. Y los sobrinos crecieron, la población El Perejil también. Más pega, más deudas. Menos hijos.
¿y ustedes cuándo? Damaris lloraba escondida en el baño. Todas esas veces de preguntas filosas aunque bien intencionadas. Las sobremesas en su casa eran para hablar de los hijos que no podían tener. Sobremesas que terminaban muchas veces con discusiones y penas.
Decidieron ir, cincoañosdecasados,señora, a Sename (Servicio Nacional de Menores). Adopción. Tener esperanzas no parecía ser algo triste. Pero ¡si ustedes no terminaron el colegio! ¿cómo van a ser papás si son ignorantes? No pueden adoptar, elgobiernonolopermite.
Mis hermanos son pobres como nosotros, algunos estudiaron menos años. Y nuestros sobrinos son buenos niños, nadie metido en la droga. Nadie. Ayudan a los chiquillos de la iglesia, van al liceo, ayudan en la feria. Un de ellos está en el preuniversitario quiere ser ingeniero. Hicimos todas las tareas. Ahorramos y pagamos al psicólogo de Sename para la entrevista, como dice el folleto que usted nos entregó la primera vez que llegamos acá. ¿no merecemos ser papás?
Nopuedenserpapás. Sonpobressonignorantes. Un hijo adoptado no se lo merece. Elgobiernodecide. Los niños para adoptar mejor que crezcan en la institución que con ustedes.


Pasaron dos años más. Casi se murieron de pena. Las cosas que ella había juntado con las esperanzas de tener un hijo un día, las fue regalando a los hijos de sus hermanas.

Damaris, con sus anteojos potodebotella, su pelo largo, sus dientes grandes y blancos no esperó que llegara la ayuda del cielo. Se informó. Leyó. Ahorró dinero. El 2004 postularon a un programa de fertilización asistida del Ministerio de Salud. Juntaron la plata durante un año y un millón de exámenes. No era ella la que no podía tener hijos, eran los dos. Luego de inseminación artificial y de dos intentos y con altos y bajos de su vida de pareja, tuvieron, el 31 de diciembre del 2005, tres niños: Zafira, Matías y David. Regalo de año nuevo. Los trillizos nacieron prematuros, aunque sanos y grandes. Pero, por inmadurez pulmonar, debían estar en incubadoras. A pesar de que sus historias –antes del tratamiento- eran parte de un programa en el canal 13, cuando pedí en algún matinal que contáramos su historia para pedir ayuda en pantalla, lolamentamostanto porque no es católico el tratamiento. Plop. Zafira fue la primera en ser dada de alta y en llegar al perejil.



El 2005 hicimos una red de ayuda y logramos que invitaran a Damaris al prorgama matinal de televisión nacional, donde, después de mucha cebolla picada finita, les regalaron 3 cunitas antes de que nacieran las guaguas y un cerro de pañales. Además, a través de internet, hicimos una carta contando su historia y me llegó buena respuesta...mucha gente me ayudó y les llevé a la casa hartas herencias y regalos (ropa de guagua, coche etc...), gracias a las mamás y a algunos amigos de los amigos de los amigos, que se conmovieron con la historia. En la población donde viven trataron de hacer una rifa... vendiendo números para un sorteo de premios (donados)... en la Municipalidad de Renca los ayudaron con 6 vasos de vidrio. Nada más. Se demoraron casi un mes y tuvieron que pagar algo de plata para hacer el trámite en la municipalidad para poder retirar los seis vasos. Insólito.
Ella siempre sonrió. Familia de trabajadores, gente sencilla y de gran corazón. Cuando llegó Zafira a la casa, logramos contar la historia a quienmerecesermillonario, a pesar de lo que “alguien” había dicho en el matinal. Y una amiga jugó por Damaris y ganó seis millones de pesos. Justo cuando los pañales se acababan. En esa época, Adrián, el papá de los trillizos, terminaba su último día de contrato, como los últimos tres años... limpiaba canaletas en el aeropuerto y se quedaba sin trabajo de diciembre a marzo, como todos los años... entonces el programa fue al aire en televisión y el jefe de Adrián, que no quería mantenerle el trabajo, le hizo un homenaje. Y mi amiga que salió en pantalla jugando por Damaris, con muy buen humor, fue la invitada de honor del jefe de Adrián… que, en una especie deprimente de acto público, decidió renovarle contrato. Otro personaje insólito.
Los trillizos caminan. A uno de los niños le queda una operación en un pie. La niña canta cuando ve a su papá. Adrián tiene pega fija (pero debe ganar salario mínimo). Siguen viviendo en el campamento a espera de la entrega de la casa propia ya que lograron aumentar el ahorro. Reciben ayuda de la familia. Ella no puede trabajar obviamente.






Damaris me regaló el mejor pie de limón que he comido en años (y eso que a mí me queda muy rico), mandó una carta agradeciendo la ayuda de quienes la apoyaron. Su hermana me escribió una carta que cuando la leo, me hace llorar. Y entonces cambia la propia historia. Mi amiga Damaris ha golpeado muchas puertas y ella me enseña a hacerlo también. A no tener vergüenza de pedir ayuda. A no tener miedo de ofrecerla.
(HACER CLIC SOBRE LA IMAGEN PARA LEER LA CARTA DE DAMARIS)

3 comments:

Sureando said...

yo conocía esta historia, es increíble el valor de los dos y uno que se queja a veces por nada. Admirable y que bien lo cuentas. Saludos. Beatriz
P.D. no te olvides del libro.

PSOE said...

¿en serio la conocías? la descubrí reporteando para Contacto, ahce algunos años... gracias a un dato de una psicóloga de Un Techo para Chile que trabajaba con el campamento. gracias por tu comentario! cuanto al libro, mañana mismo paso por la librería.
saludos

viagra online said...

Gracias por compartir la historia con los leyentes es muy conmovedora gracias a Dios siempre existen personas que ayudan